Trabajamos con un caso muy concreto: la humedad y la calidad del aire en dormitorios de pisos pequeños, donde una ventana mal orientada o un radiador encendido toda la noche cambian el descanso. Desde ahí revisamos sensores de CO2, ionización y limpieza para que el sistema se ajuste solo, sin que tengas que levantarte a media madrugada a tocar nada.
Antes de instalar cualquier equipo medimos el cuarto durante varios días: temperatura, humedad relativa y CO2 en distintos momentos. Esa lectura previa explica por qué dos habitaciones iguales de tamaño pueden necesitar ajustes distintos.
Comenzamos midiendo la humedad de una sola habitación y terminamos entendiendo que el aire de una casa funciona como un organismo: si una parte cambia, el resto responde. Ese fue el punto de partida de todo lo que vino después.
Instalamos sensores de humedad y CO2 en dormitorios de Rosario y registramos durante tres meses. Los datos mostraron que la mayoría de los equipos del mercado trabajaban a ciegas: subían la humedad sin leer el ambiente. Ahí decidimos que cualquier dispositivo nuestro debía medir antes de actuar.
Reescribimos el firmware para que las rutinas de humidificación, ionización y ventilación corrieran en el propio equipo. El objetivo era simple: si se cae la conexión, el clima de la casa no debería caerse con ella. Esa decisión sigue marcando cómo diseñamos cada producto.
Sumamos el hub AirLink y empezamos a coordinar humidificador, purificador y sensores bajo un mismo criterio. En departamentos chicos notamos una diferencia concreta: dejar de ajustar cada aparato por separado y pasar a definir un rango de confort general.
Rediseñamos filtros y depósitos para que se puedan limpiar sin herramientas y sin desarmar el equipo. La mayoría de las fallas que veíamos en campo no eran electrónicas, eran de mantenimiento postergado. Cambiar eso mejoró la vida útil más que cualquier mejora de hardware.
Empezamos midiendo. Antes de hablar de humidificadores o de ionización, pasamos semanas registrando cómo se comporta el aire de un dormitorio común en Rosario: cómo sube el CO2 con la ventana cerrada, cómo cae la humedad relativa de madrugada, cuánto tarda en secarse la garganta al despertar. De ahí salió el enfoque que hoy sostiene todo lo que diseñamos.
Para quien duerme mal y sospecha que el problema no es el colchón. Para casas chicas donde no entra una torre de purificación. Para familias con un bebé en la habitación de al lado y la necesidad de saber, sin adivinar, qué está pasando con el aire durante la noche. No vendemos aparatos aislados: armamos un sistema que se regula solo y que podés revisar cuando quieras.